Después de diez años de trabajo duro, creatividad desbordante y un sinfín de momentos inolvidables, el grupo se enfrentaba a lo que podría ser su último carnaval juntos. Queríamos cerrar este ciclo con algo especial, algo que rindiera homenaje a nuestros inicios y celebrara una década de disfraces, artilugios y desfiles. ¿Y qué mejor manera de hacerlo que volviendo al tema que nos vio nacer como grupo? Así que decidimos repetir el tema del primer año: El Señor de los Anillos. El regreso de los elfos, enanos, orcos y hobbits llenó las calles de Asturias de magia y nostalgia.

Sin embargo, mucho había cambiado desde aquel primer año. Algunos de los más pequeños que empezaron con nosotros ya no eran tan niños, y eso nos obligó a adaptar los disfraces a la nueva realidad del grupo. Pero lo que no cambió fue la pasión y el esfuerzo que pusimos en cada detalle. Sabíamos que si este iba a ser el último año de Antroxeros, teníamos que irnos por todo lo alto, y así lo hicimos.
El nivel de elaboración de los disfraces era impresionante, muy superior al de hace diez años. El tiempo, la experiencia y el aprendizaje acumulado se reflejaban en cada puntada, en cada accesorio, en cada capa y espada. Los trajes estaban tan bien confeccionados que parecían obra de los propios duendes de las tierras élficas, con un grado de detalle que diez años atrás no hubiéramos podido ni imaginar. Cada personaje tenía su propia esencia, desde los elegantes y majestuosos elfos, pasando por los fieros orcos, hasta los valientes hobbits. El grupo parecía salido directamente de la Tierra Media, transportando a todos los espectadores a un mundo de fantasía épica.

























Pero no solo nos quedamos en los disfraces. Para este gran final, nos propusimos crear artilugios, muñecos, armas y complementos que elevaran aún más el nivel de nuestros desfiles. Construimos la torre de Sauron, un imponente símbolo del mal que vigilaba el paso del grupo, y Gollum y Bárbol también hicieron su aparición. Cada uno de estos detalles añadía profundidad y realismo a nuestra recreación del universo de Tolkien, haciéndonos sentir dentro de una auténtica película.







Para completar la experiencia, nos lanzamos a la tarea de crear montajes fotográficos inspirados en los carteles originales de las películas, dándole un toque cinemático a nuestra presentación y dejando recuerdos imborrables.


El trabajo fue titánico, pero valió la pena. Participamos en dos grandes desfiles que nos permitieron mostrar todo lo que habíamos conseguido. Durante los preparativos, la emoción se sentía en el aire. Ver a todo el grupo juntos, con sus detallados disfraces y rodeados de los artilugios que habíamos creado, era algo impresionante. El público no podía apartar la vista de la torre de Sauron, de las detalladas figuras de Gollum y Bárbol, o de las escenas que habíamos preparado para el desfile. Sin duda, este era el mejor cierre que podíamos imaginar.




Después de tres días de descanso tras el desfile de Avilés, nos volvimos a enfundar los trajes y emprendimos el viaje a Oviedo, donde una vez más recorrimos las calles con orgullo. A pesar del cansancio acumulado, la emoción de desfilar como los personajes del Señor de los Anillos nos daba energía para seguir adelante. Y una vez más, el esfuerzo fue recompensado con varios premios en los concursos y desfiles en los que participamos. El segundo premio en Oviedo fue particularmente especial, ya que el nivel del concurso era extremadamente alto, lo que hacía nuestro logro aún más significativo.

El reconocimiento al trabajo bien hecho fue, como siempre, una de las mejores recompensas para el grupo. Más allá de los premios, el verdadero tesoro de esta experiencia fue el sentimiento de unidad y la diversión que compartimos como una gran familia. Cada desfile, cada premio, cada risa y cada detalle trabajado en los disfraces nos recordaba por qué habíamos empezado este viaje hace diez años.
Y aunque este podría haber sido el último carnaval del grupo, no podíamos evitar preguntarnos si realmente estábamos listos para despedirnos. Al fin y al cabo, habíamos conseguido tanto juntos, y la pasión por el carnaval seguía ardiendo dentro de nosotros. Pero esa, como se suele decir, es otra historia que os contaremos en el próximo capítulo.